Zeitgeist es un documental de Peter Joseph que se estrenó gratuitamente por internet hace tres años. En esta película el director presenta tres temas (Religión, Estados Unidos y Economía Mundial) que agrupan una noción sobre el espíritu de nuestra época, refiriéndose a la percepción en alemán de la palabra Zeitgeist.
Para Joseph el destino del rumbo mundial es una conspiración, en la que pocas familias han fomentado el engaño, la desinformación y el adoctrinamiento religioso, para seguir creciendo monopolísticamente.
A pesar del abuso en el lenguaje audiovisual tendencioso, que logra dirigir la percepción del espectador a partir de respuestas emocionales y que relega la construcción de argumentos racionales, la propuesta de Joseph (entre sus delirios de conspiración propagandística) presenta una realidad clara sobre las instituciones modernas que regulan nuestro comportamiento.
La Religión
De los tres ejes temáticos de la película, la religión fue el que más me llamó la atención, ya que ésta empresa es la más antigua del hombre, así como es la herramienta más poderosa de regulación social y además tiene una presencia reactiva.
La religión se comprende como el conjunto de normas y principios morales que regulan el sentimiento de espiritualidad presente en los seres humanos. Por naturaleza todos somos espirituales, aunque no todos seamos religiosos. La diferencia radica en el deseo/necesidad que podemos tener para que nos orienten en la vivencia de ese sentimiento.
La religión, representada en el documental por el cristianismo, se comporta igual que la academia ortodoxa al intentar administrara algo que, muchas veces, la supera. No obstante, la poca legitimidad que la Iglesia tiene en mí, no me lleva a considerar su gobierno como un problema real del adoctrinamiento, sino como una circunstancia indeseada.
El despotismo religioso ha existido independientemente de la institución que lo administre. A pesar de que sea algo previamente conocido, el documental deja claro que no importa el período y lugar donde se observe, siempre hay un agente religioso hegemónico que regulas las relaciones sociales.
Así habrá que preguntarse qué permite que esto ocurra y qué se puede hacer para evitarlo. La primera pregunta se refiere al catalizador religioso que nunca ha cambiado: el sentimiento de espiritualidad inherente a los seres humanos.
Según Sigmund Freud la espiritualidad proviene de la conciencia. Un humano recién nacido no divide conscientemente su ser del mundo, la percepción se acepta como un todo. Al ir creciendo éste conoce los límites de su cuerpo y se crea un trauma propio del surgimiento de la conciencia, que genera dos cosas: el sentimiento de espiritualidad, que se comprende como la certeza de un más allá (sentimiento de oceaneidad) y la sensación de fragilidad de sí mismo, que genera la figura paterna de Dios.
De igual forma, las categorías de oposición, mencionadas en la cultura Brahmánica y fundamentos del razonamiento humano, son otra partida del sentimiento de espiritualidad. La finidad, fragilidad y corruptibilidad del ser, se oponen a la figura de Dios. Es importante recordar que primero fue la imagen antes que la idea.
La segunda pregunta es un camino para manejar adecuadamente el catalizador religioso. Sin saber determinar la conveniencia del sentimiento de espiritualidad, es preciso afirmar que un ser humano mentalmente sano siempre va ser espiritual.
La respuesta más sencilla, admitiendo nuestra naturaleza y negando el adoctrinamiento, será la negación de una institución para estar con los propios sentimientos. Sí momentáneamente aceptamos la existencia de Dios, se podrá acudir a Martin Lutero, para comprender que no es necesario un ente terrenal para acceder a uno supra-natural.
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